- Izquierda y Derecha
Ahora te encuentras sentada, con la cabeza gacha y posiblemente con los tobillos cruzados debajo del escritorio que tienes enfrente. Te duele la cabeza, ya has leído quince cuentos hoy. Esa promoción de “escribe un cuento de terror, máximo una cuartilla y llévate tres libros”, te esta poniendo muy nerviosa últimamente. No has podido dormir bien y como ahora, te ha provocado un pequeño pulsar en la sien izquierda que es realmente molesto. Te frotas la frente con la mano derecha y con la ......
- La obscena dentellada de la noche
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El hombre es como el diablo;
que viene, pero no se sabe cuándo.
Refranero popular extremeño - La Cicatriz
Ascanio Baielli leía todos los domingos de 1960, por el servicio de la Radiodifusión Italiana una serie de relatos ya imaginarios, ya históricos, agrupados bajo el título Cuentos para la velada del domingo. La anunciación del traidor, incluido en la presente antología, es uno de esos relatos. Un sábado Baielli preparaba el material para la audición del domingo siguiente. Ninguno de los dos o tres textos que había escrito (más bien que había esbozado) lo satisfacía. A la madrugada, vencido por la fatiga, se durmió.
- La sombra del lago
Y está escrito que quien vea al dios no morirá,
dormirá junto al lecho del inmortal velando su sueño
y llorará y despertará cuando Él despierte,
cuando vuelva para arrastrarse sobre la superficie de la tierra- Mejor me callo
El, Riqui, que era mi amigo, venía todas las tardes a buscarme para andar en bici. Casi siempre, los chicos del barrio al vernos, nos decían gansadas.
- La madre es Dios ante los ojos de un niño
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Era la quinta vez que tenía la misma pesadilla. La hora de dormir ya se había transformado en un suplicio terrorífico. ¡Claro! sobre todo si tienes sólo .....
- Relexiones de un condenado
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Cuando alguien sabe con certeza, como yo mismo, que todos los sufrimientos y angustias de esta insulsa y trivial existencia material carecen de interés si se tienen en cuenta todos los ciclos de existencia Primigenia y eterna, sólo le queda esperar a que llegue su postrer día.
- Una mancha en la pared
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Eran ya casi las doce y media cuando yo, aún sentado en el sombrío estudio de mi casa en la playa, armado con afilada pluma y envuelto en la armadura de mi batín de paño, me disponía a finalizar mi velada creadora, apagar las lámparas de aceite que iluminaban la estancia mientras me preparaba mentalmente para caer entre los mullidos brazos de Morfeo durante toda aquella noche invernal del 16 de febrero.
- La Bañera
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El hombre cerró con pestillo la puerta del espacioso cuarto de baño, dejando escapar un involuntario gruñido de satisfacción. Al fin podría descansar por unos ....
